En los últimos años, la quercetina (un flavonoide presente en alimentos como cebollas, manzanas y uvas) ha despertado un gran interés en la comunidad científica por su potencial como agente terapéutico en el manejo de patologías alérgicas.
Gracias a sus propiedades antiinflamatorias, inmunomoduladoras y antioxidantes, este compuesto natural es capaz de intervenir en procesos clave de la respuesta alérgica, como la inflamación mediada por células Th2, típica de enfermedades como la rinitis, el asma o la dermatitis atópica. Se ha observado que actúa modulando mediadores inflamatorios (IL-4, IL-5, IL-13) y células inmunes como mastocitos, eosinófilos y basófilos. Además, su capacidad para combatir el estrés oxidativo refuerza su efecto terapéutico.
En modelos clínicos, la quercetina ha demostrado reducir síntomas como estornudos, congestión nasal e inflamación, al tiempo que disminuye los niveles de IgE y restablece el equilibrio inmunológico a través de la modulación de los ejes Th1/Th2 y Treg/Th17. También se ha evidenciado su acción sobre rutas moleculares como NF-κB y MAPK, fundamentales en la amplificación de la respuesta inflamatoria.
Estos efectos no solo se limitan a la rinitis alérgica, sino que se han replicado en modelos de asma, conjuntivitis alérgica, dermatitis atópica y alergia alimentaria, mostrando una notable versatilidad.
En resumen, la quercetina representa una opción prometedora dentro del arsenal terapéutico frente a las enfermedades alérgicas. Su perfil multifuncional y su origen natural la convierten en una alternativa atractiva que merece ser explorada en mayor profundidad mediante ensayos clínicos rigurosos.

